No tan diferentes…

A raíz de unos acontecimientos que han ocurrido a principios de este año, quiero contaros una historia que, pese a que han transcurrido tres años, no logro olvidar.

Se llamaba Piropo. BLOG 20160120 1_DxO

Fue un caballo maltratado brutalmente y que logró sobrevivir cuando le rescatamos, pese a que no teníamos muchas esperanzas. Y no sé si es cuestión de Karma como dicen por ahí o simplemente hay seres que no nacen o mejor dicho, viven, con tanta suerte. Quién sabe por qué.

Rescatamos a Piropo como a tantos otros. Le dimos todo nuestro Amor y Cariño, como a todos… y finalmente, encontramos la casa de una familia para su adopción con todas las garantías. Tras dos años, comprobamos que esas garantías habían cambiado radicalmente y el pobre animal volvió al Albergue. Se buscó otra casa  y esta vez, la persona en cuestión era incluso amiga nuestra desde hacía varios años. De toda confianza. Sabíamos que trataría a Piropo con todo el amor y cariño del mundo. En realidad, Piropo era tan apuesto, noble, sano y bueno por naturaleza que fue de los pocos que apenas han parado por el Albergue. A veces me pregunto si es del todo justo que nos dediquemos tanto a animales que nadie quiere y a otros a los que podemos darles mejores atenciones y cuidados que nadie (me consta y siento si ofendo porque no es mi intención), apenas podamos prestarles atención porque estamos muy ocupados, llenos, sin recursos… y tengan que irse lo antes posible… no importa cuán buena sea la casa.

El día que se fue pensé: “No dejes que se vaya”. Pero luego miré a mi alre BLoG 20160120 2dedor. Tres familias, si se pueden llamar así, nos habían devuelto cuatro caballos en malas condiciones. Había más de 50 caballos y no teníamos sitio. Estábamos en medio de una denuncia que iba a resultar en el salvamento “in extremis” de un grupo de 29 caballos… y nuestras cuentas, casi vacías, como siempre. Miré a la persona que se lo llevaba. Amiga mía desde hacía años, propietaria de unas cuadras de lujo y lo más importante, conocimiento ecuestre y personal cualificado. Me dije: “Para ya, Con, no seas neurótica…”

Al muy poco tiempo de estar en su nuevo hogar, se rompió una extremidad. BLOG 20160120 3

Me sentí tan “culpable” que llamé a nuestros dos mejores especialistas pese a saber que por la terrible fractura abierta que presentaba y el lugar donde se encontraba era irreversible. Ambos profesionales, sobre la marcha, enviaron las radiografías a los hospitales de Córdoba y Manilva.
Nuestro gran amigo y mejor cirujano Miguel Valdés no dejó duda: “¿A qué estáis esperando, compañeros?” Simplemente, no había nada que hacer.

Y entonces, ocurrió.

Mi amiga tenía en su cuadra más de cuatro galgos rescatados que, en todo momento, estuvieron pendientes de cada uno de nuestros movimientos. Jugaban, mordían y saltaban alegres a nuestro alrededor . Sin percatarme de su presencia le dije a Aída: “Por Amor de Dios, que sea rápido”. Sabía que jamás me lo iba a perdonar a mí misma. Que debía haber hecho caso a mi instinto el día que se fue y tener más Fe en que la ayuda llegaría de una u otra forma, como siempre.

Y apenas pude acabar la frase. Aquellos cuatro galgos se inmovilizaron al unísono y comenzaron a gemir de la forma más triste que se pueda imaginar. Nos quedamos petrificados y no sabíamos cómo reaccionar. Aída, muy profesional y  con lágrimas en los ojos, comenzó a cargar las jeringas. Entonces empezaron los aullidos. Era como estar entre una manada de lobos en el silencio sepulcral de una cuadra con más de veinte caballos que, de repente, dejaron hasta de comer. No se oía absolutamente nada, en un silencio respetuoso y sentido, mayor del que he visto en cualquier funeral. Eso, ya lo habíamos visto antes (siempre) en el CYD, pero los aullidos…

… Y no cesaron hasta que Piropillo yació ya tranquilo en el suelo y sin dolor para la Eternidad. Cuando me di la vuelta con aquel peso en la espalda que me acompaña hasta hoy, la única imagen que vi fue a nuestro caballo, rodeado de cuatro galgos silenciosos acurrucados junto a él.

Este comienzo de año me ha tocado aullar a mí.

Con el mismo dolor desgarrador y ese gemido profundo que oí aquella vez.

Y he pensado: -” no somos tan diferentes…” En realidad, no lo somos en absoluto.

Y quien diga lo contrario, no tiene ni idea de lo que dice.

concordia cyd