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Galería

 

SIRIUS

Un caso realmente grave con final feliz. Este animal estuvo encerrado (emparedado, más bien) en una corraleta sin salida desde que era un potrillo. Le alimentaban con comida para cerdos y el agua que bebía (cuando bebía) era fecal. Se sacó un ojito con uno de los alambres que le rodeaban y nadie le atendió. La infección era tan grande cuando lo recogimos que temimos por su vida durante muchas semanas. Y por increíble que parezca, desde el principio, ha sido un animal noble y bueno que incluso se ha dejado hacer las curas sin ningún tipo de cuerda o sedación. ¿Cómo puede caber tanta dignidad en un solo caballo? Actualmente, vive feliz en Francia, junto a Sonia, y a su buen amigo, Bidoche.

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