EL FINAL DE 2017 Y… DE CASI DOS DÉCADAS

Queridos amigos, aquéllos que nos acompañan siempre y los que lo hacen de forma esporádica (para bien o para mal). Aprovecho para felicitarnos las Navidades y desearos de todo corazón que el próximo año Dios os llene de felicidad, amor y hobbies… a los buenos, porque se os quiere mucho, y a los malos, por egoísmo, a ver si así dejan de dar por saco.Hace ya casi dos décadas que el CYD Santa María existe y aparte de habernos dejado todo el patrimonio, la salud y la mitad de la vida rescatando, cuidando y amando con toda el alma cada animal que se ha cruzado en nuestro camino, lo único que hemos sacado en claro es la felicidad de aquéllos a los que hemos ayudado, nuestra tranquilidad de espíritu de saber que no hemos podido hacer más y… una rabia mal contenida (en mi caso por lo menos), de ver cómo las instituciones públicas, y en especial policía local y ayuntamientos, incumplen sistemáticamente sus obligaciones con respecto a la protección animal, su rescate, sus primeros auxilios y las sanciones que deben ser impuestas a maltratadores y a los que abandonan, con los consiguientes cobros posteriores.

Es cierto que en los juzgados las cosas han cambiado y mucho. Gracias a Dios, jueces y fiscales son conscientes ahora de los sentimientos de los animales y aplican las leyes de forma un poco más estricta, pero pese a tener en su mano leyes de protección animal que los amparan en sus sentencias, éstas suelen quedarse cortas y a veces tengo la sensación de que aplican aquello que les puede hacer quedar bien ante todos… animalistas por haber ganado y maltratadores por reírse de lo impuesto.

Me da un poco de pena, pero ya se sabe que cada uno hace lo que puede con los medios que tiene, pero si yo fuera un alcalde, policía municipal, funcionario o veterinario de las Oficinas Comarcales Agrarias y tuviera mi culo calentito sentado en un escaño o perteneciera a cualquier institución que pudiera hacer algo por un animal indefenso, se me caería la cara de vergüenza si alguna vez dejara de hacer algo que pudiera hacer un bien a un animal. Y digo a un animal como puedo decir a un ser humano. No veo la diferencia, la verdad.

En mi caso, los animales están a años luz de diferencia con respecto a lo que puedo sentir hacia un ser humano y, sin embargo, no hago daño a niños, mujeres o ancianos y, si puedo, además, los ayudo. No pretendo que todo el mundo quiera a los animales porque sería imposible. Es como si a mí me pides que me guste un humanoide, pero lo que sí tengo claro es que si me gano un plato de comida diario haciendo un trabajo en el que está implicada la protección de los animales, como antes he mencionado, se me caería la cara de vergüenza y además creo que me pegaría un tiro, si no cumpliera bien con el trabajo de que me da de comer. Pero en fin, hay tantas cosas que me dan asco dentro del mundo humanos-animales que lo único que puedo hacer es intentar meter presión a quien pueda y como pueda para hacerles cumplir con su trabajo, evitar la reincidencia en maltrato y abandono y seguir cuidando de todos nuestros animales.


Pero por desgracia, las “maravillosas” familias que en su día se llevaron alguno de nuestros animales, nos los han ido devolviendo a lo largo de los años, bien porque ya está viejo y no les sirve, bien porque se ha lesionado y no les sirve y/o bien porque simplemente deberían ir ellos al psiquiatra porque su cabeza ya no “les sirve”. ¿Cómo pueden hacerlo? ¿Se pueden devolver los niños adoptados? Y vuelvo a repetir que no quiero hacer comparaciones. Es que no existen las comparaciones. Ambos hechos son igual de deleznables.

Por eso, a lo largo de casi dos décadas el CYD se ha convertido en un puñado de seres humanos agotados hasta la extenuación y enfermos, que también hay que decirlo, y cientos de animales de muchas especies que, en su mayoría, han sido devueltos tras años de estar fuera de nuestra protectora de animales. No sólo en adopción de caballos, hablamos de adopción de perros, de gatos, de aves… todos ellos ahora en nuestro refugio de animales y provenientes de extremo maltrato animal en sus comienzos con nosotros.

Cada día aumentan los casos de denuncias, las peticiones de ayuda, las devoluciones… cada vez nos piden más y más y cada vez tenemos menos recursos. ¿Por qué no aumentarán ellos también junto con todo lo demás? Y eso que este año hemos tenido una pareja de ángeles que han hecho un lavado de cara a nuestro Albergue increíble.

Pero todo se deteriora, los animales cada vez más viejos y enfermos necesitan más medicación y cuidados, no podemos contratar más personal y nosotras ya no podemos con nuestra alma. Los gastos aumentan y las fuerzas disminuyen por ley de vida.

Somos una asociación de protección animal y a la vez un refugio de animales enfermos, abandonados y maltratados. También, durante casi veinte años, un centro de rescate y reubicación de animales. Somos todo y hacemos de todo. Pero simplemente ya no podemos más.

Así que os deseo un muy feliz año 2018 desde el nuevo SANTUARIO CYD Santa María, de donde no saldrá más un animal para que luego sea devuelto como un trapo viejo y donde los casi doscientos que son ahora mismo contarán con el respeto y cariño que se merecen sus maltrechos corazones. A ellos nos dedicaremos en cuerpo y alma y hasta el final de sus días. Seguiremos ayudando a caballos ahí fuera a través de nuestro Facebook, redes sociales y veterinarios y seguiremos siendo una avispa en el trasero de todas las instituciones públicas (ahora aún más si cabe), para que cumplan con su deber. Nos hemos dado cuenta de que sólo así, podremos cambiar las cosas de verdad. De la misma forma en que lo hicimos cuando logramos la aprobación del Real Decreto 804/2011 junto al Consejo de Estado y convertimos los équidos en animales de compañía con sus mismos derechos. Eso cambió para siempre la vida de millones de caballos y con eso nos quedamos mi hermana y yo.

Sabemos que necesitaremos más ayuda económica que nunca y que no sabremos dónde conseguirla, pero tenemos FE. Eso sí que nos sobra, pero no estoy dispuesta a seguir aguantando seres humanos que me devuelven animales en peor estado del que los encontramos, con estúpidas excusas y tampoco ver las peticiones de adopción de tanto tarado que se cree o que somos idiotas o que su incultura le hace creer que posee las condiciones idóneas para tener un animal de estas características. Tanta pérdida de tiempo hay que redirigirla a ayudar a los animales con más fuerza cada día. Y así queremos empezar el 2018. Y junto a vosotros (los buenos), si es posible.

A todos os deseamos de todo corazón lo mejor de lo mejor para éste y todos los años de vuestra vida. Mi familia y yo, por nuestra parte, nos comprometemos a darles lo mejor de lo mejor a todos nuestros animales, de aquí a la eternidad. Un beso fuerte para todos.

Concordia Márquez Asociación de Protección Animal y Santuario CYD Santa María.

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