¡ Hasta pronto, amigas ! Pasadlo bien !

Hace unos ocho años conocimos a Amparito. Mirada triste, cuerpo flácido, a oscuras dentro de aquel box donde, cada día, estudiantes de una facultad de veterinaria hacían sus prácticas con ella. A lo largo de su triste vida, miles de pinchazos, decenas de operaciones sin sentido, exploraciones rectales de manos inexpertas…

Habíamos llevado un caballo del CYD al hospital de aquella facultad famosa de veterinaria y lo que menos esperábamos era que saliéramos con más caballos del que llevábamos. No fue al momento, pero sí un año más tarde, cuando, esos dos caballos ya no eran útiles en la facultad y no servían para nada. Entonces, sí los cedieron…

Amparito al principio, no sabía estar en libertad. Tenía miedo a todo e incluso la luz del sol la cegaba fácilmente. No demostraba ningún tipo de acritud hacia el ser humano pero tampoco el más mínimo indicio de amor o apego. Demostrarle que a partir de aquel momento nadie le haría daño nunca más costó bastante tiempo. Cuando nos la trajimos ya tenía un tumor muy desarrollado en la zona de la grupa, pero los riesgos de la operación y sus costes eran altísimos así que decidimos dejarla vivir en paz el tiempo que le quedara. Durante cuatro años estuvo en el Santuario viviendo feliz y sin preocupaciones, aunque el tumor siguiera creciendo. No le afectaba para nada. Era feliz, pero no lo demostraba. El pasado le pesaba demasiado. Era una líder nata y bellísima por dentro y por fuera. Carácter y estoicismo, fuerza y humildad.

Hace unos cuatro años llegó al Albergue Isabel. (Para mí, y para siempre, Isabelita). Una señora guapísima, dentro de su edad, alegre, vivaracha y con una educación exquisita. Todo lo contrario a Amparito cuando llegó pero muy parecidas en alma y en el estado en el que se encontraba en ese momento a Amparito. Quería apadrinar a algún caballo y como por su edad no quería llevárselo para montar, me preguntó si se podía dejarlo en el Albergue y correr con algunos costes para poder venir a verlo simplemente y darle todo el amor que pudiera necesitar.

De forma inmediata, pensé en Amparito.

Isabelita podía darle toda la alegría que otros se habían encargado de apagar durante toda su vida y devolverle las ganas de vivir.

Y así fue.

Durante casi dos años, Isabelita y Amparito compartieron alegrías y risas y aunque sólo se veían un par de veces a la semana, les bastaba. Ambas sanas, felices, guapas a rabiar y llenas de una luz especial que podía ver todo aquél que mirara en su dirección.

Y ahora vendría la frase de “nada dura eternamente”, pero precisamente, este blog es para demostrar lo contrario.

Hace año y medio a Isabelita le detectaron un cáncer igual al de Amparito, el mismo día que, nosotros en el Albergue, operábamos de urgencia a Amparito porque de repente y de buenas a primeras, su tumor reventó, poniendo en grave peligro su vida.

Durante la convalecencia de Amparito, Isabelita se operó igualmente y ambas pasaron su recuperación hablando por teléfono dos veces en semana, como siempre, ya que yo les cedía mi teléfono para que se contaran sus cosas durante un ratito, cada una desde su casa. Ahí estaba yo, como un pasmarote, poniéndole el teléfono en la oreja a Amparito mientras la otra no paraba de parlotear… pero me bastaba ver los ojos semi-cerrados de Amparito y su cara de felicidad, para que siempre, las dejara hablar un poquito más.

Amparito se recuperó de forma asombrosa y rápida pero Isabelita no tanto, así que sus visitas se espaciaron y las llamadas también. Siempre estábamos en contacto y mi hermana, Luciano y yo le enviábamos vídeos y le contábamos cómo iba todo por aquí.

Y así durante meses.

Hasta que hace ahora apenas dos, recibí una llamada por la noche de Isabelita despidiéndose. Me dijo que le acababan de confirmar en ese día que no había nada más que hacer. El maldito cáncer se había extendido a los huesos y apenas podía caminar. Le dijeron que rápidamente fuera poniendo sus cosas en orden y se despidiera de aquéllos a los que amaba. Me honra saber que aquella llamada fue la tercera que hizo después de sus hermanos y fue para Amparito y para mí. Ella seguía siendo pura alegría y optimismo y yo, no quise quedarme atrás, así que hicimos un pacto… como yo vivo constantemente con algún que otro riesgo y al final podía morirme yo antes que ella, la que primera lo hiciera, debería comunicarle a la otra de la forma más rápido posible y de alguna manera clara, que estaba bien y que “la cosa no termina con la muerte”. Sellamos nuestro pacto y enseguida salí corriendo a las cuadras,porque le costaba ya hablar, corrí con el teléfono en la mano para que Amparito la escuchara por última vez. Y cuál no sería mi sorpresa cuando vi que Amparito cojeaba mucho en ese instante, pero no se lo quise decir. Pensé que había sido un resbalón y no le di mayor importancia aunque hacía apenas unas horas que yo había salido del Albergue y la había visto.

Y se despidieron…

A la mañana siguiente, el encargado  del CYD me llamó y me dijo que había metido a Amparito en un box porque se había dislocado la cadera. Llamamos enseguida a uno de nuestros veterinarios (Andrés) y a todos se nos cayó el alma a los pies cuando el diagnóstico era que el tumor que extrajimos hacía un año nos había engañado a todos y había vuelto a crecer, pero esta vez de forma interna y había destruido los huesos de la cadera… el mismo día y de la misma forma que le ocurrió a Isabelita.

Cinco días más tarde, a ambas les pusieron el mismo tratamiento. Morfina y opiáceos. Sólo para el dolor.

Tres días más tarde, exactos, Isabelita ya no me pudo coger el teléfono por sí misma cuando la llamé y Amparito se cayó al suelo sin poder ya levantarse. Así, de repente.

Un día más tarde, pese a no poder tener ningún dolor porque Andrés acababa de irse, pinchándole una dosis altísima de analgésico, Amparito empezó a desesperarse y la angustia hacía que se tambaleara mientras me miraba fijamente. No lo dudé. Hice que llamaran otra vez a Andrés y que diera media vuelta. El momento había llegado. Ella me lo estaba pidiendo contra toda lógica.

Mi hermana y yo fuimos testigos de su mirada, fija en el veterinario mientras preparaba lo necesario. Parecía como si Amparito tuviera prisa… y mucha.

Es curioso porque Andrés me dijo antes de eutanasiar que, si queríamos que los voluntarios y gente que la quería se despidieran de ella, podía aguantar sin ningún dolor y feliz tres días más inflándose a zanahorias con nosotros…. Pero miré a Amparito y me dijo que no categóricamente. (Si alguien cree que estoy loca, me importa un pito). Así que la dejé marchar.

Y menos mal… porque exactamente los tres días calculados por Andrés, fueron los tres días que tardé en recibir la noticia del fallecimiento de Isabelita. Murió el mismo día que el veterinario había previsto que aguantaría Amparito. La yegua nos demostró que  sabía exactamente el tiempo del que disponía, el lugar y con quién debía de ir.

Ahora estoy segura de que las dos están felices, me consta. Se acabaron las penurias y Amparito sólo oirá ya las risas constantes de su Isabel. Las dos caminan juntas sin ningún dolor por donde quieran. Ya no hay límites!!!

El día del funeral de Isabelita, un día después de su fallecimiento, pensé en nuestro pacto. Estuve atenta pero no pasó nada fuera de lo normal a excepción de lo mucho que lloré durante ese día y durante la misa. Como no tenía ganas de hacer nada, mi hermana y yo fuimos a comprar material de limpieza para el Albergue justo antes del funeral y cuando volvimos de él, la dejé en su casa, llegué a la mía y en el fondo de una de las bolsas de las compras, encontré algo que me heló la sangre. Llamé enseguida a mi hermana para ver si lo había comprado ella, pero me dijo que no y además el sitio donde fuimos a comprar no es el tipo de sitio donde se pueden encontrar estas cosas.

Lo cogí, miré al cielo y sonreí.

Esta última foto es lo que encontré en la bolsa.

Nadie lo compró y no se vende en el sitio al que fuimos.

No hicimos otra parada en todo el día ni vimos a nadie.

Gracias Isabelita por cumplir con tu pacto. Cuida por mí de Amparito y que seáis muy felices. Pero sobre todo…PASADLO BIEN!!!!!!!!!!!!

Os quiero.

Concordia Márquez.

concordia cyd