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LLUVIA

Hay pocos caballos que representen la nobleza de forma más clara que nuestra querida yegüita Lluvia. Cuando la encontramos con apenas un año, atada a un poste de la luz, con las manos deformadas por una soga metálica a la que había estado atada casi toda su corta vida, se dejó acariciar pese a la tremenda lluvia que caía y que, al final, mató a sus dos compañeros de desventuras sin que pudiéramos hacer nada al respecto. Tras una operación muy dolorosa e infinitas curas y rehabilitación, cada día nos recibía con un relincho de alegría. Es una de las yeguas más cariñosas que han pasado por nuestro Albergue y su carácter hace que cada día bendigamos el trabajo que realizamos en el CYD.

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